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Una vez más atravesamos el lugar donde se aloja el público rumbo al escenario, ante la puteada de cada uno que nos cruzaba. La ausencia de asistentes en estos momentos es notoria, porque uno se siente un pelotudo enchufando ante los insultos de la gente, expectante de que empiece el ruido. Debo confesar que por un instante temí que fuera un fracaso rotundo, porque desde los camarines no había divisado a la masa en su totalidad. Una vez que empezó el show, todo se acomodó, y nuevamente fuimos locales en la ciudad que eligió a Macri como Jefe de Bicisendas. No quisiera caer en los lugares comunes, pero mi habilidad como escritor se ve cada día más deteriorada: sigue siendo exquisito estar parado en el escenario y ver que la gente canta las canciones que uno hizo en su laboratorio. Esperemos que no deje de sorprendernos, que la cantidad de dinero que estamos ganando no opaque la felicidad de tocar para un buen número de infradotados que luchan por darnos su amor. Creo que estamos tocando mucho mejor que antes (lo cual tampoco era tan difícil), las cosas se han acomodado, y la veteranía hace que estemos más atentos a escucharnos y llevar a los temas a su estado más conveniente. Es un gran momento, caretas.
"Gracias" quizás sea la palabra que debí poner en lugar de toda esta mierda. Disculpen las molestias.
Pepo.
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Comentarios
He aquí una bonaerense que los vio por primera vez en el Marquee con Atropello Carregal, se escuchó los discos y anda con ganas de reincidir. Me enteré tarde de su regreso a los escenarios de la calle Scalabrini Ortiz el pasado fin de semana y ando sumida en la más profunda tristeza desde entonces. Pregunto: ¿cómo puedo estar al tanto de sus fechas si no tengo una vida social tan interesante como para abrirme una cuenta en Facebook? ¿Hay alguna otra vía de comunicación colectiva a la que me pueda suscribir, así en su próxima visita a la tierra de Macri tengo la alegría de verlos de vuelta? Se agradece.