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El descubrimiento del Colón: |
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Atravezar el telón con una guitarra española en mano es como salir a enfrentar a la barra de Nueva Chicago con un grisín. Me sudaban las manos, y debo confesar que a 30 segundos de empezar el show, el tema de inicio se me borró en un 45%, como si me hubiera entrado Fernet al disco rígido. Una vez sentado en la banqueta, sorprendentemente el tema acudió a mí casi en su totalidad, dejando un pequeño porcentaje destinado a la inutilidad de mis manos, o de mi cerebro, que envía mal la información. Luego, con la orquesta presente, ya la responsabilidad no recaía en mí, y pude disfrutar debidamente. El ingreso de Nicolai y Propete me devolvió a la normalidad total, y ya juntos pudimos naufragar rumbo al infinito. Quizás Patricia Sosa esté acostumbrada a audiencias de más de 500 personas, pero para mí sigue siendo sorprendente. La energía que se produce con 501 marcianos cantando el mismo tema es inaudita, y produce una erización de los pezones que te hace sentir como si Scarlett Johansson te estuviera besando la oreja. La orquesta se escuchaba, lo que hacía que uno supiera que todo iba bien, porque descartaba la posibilidad de haber hecho un esfuerzo en vano. Una noche de felicidad cuasi total, que demostró que de una vez por todas en nuestra ciudad natal de origen nos quieren, y acuden a vernos en masa... ¿Quién fue el hijo de puta que dijo que nadie es Proxeneta en su tierra?
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